ANTROPOCENO; ¿EGO O DESARROLLO?

Por:
Marco Osorio Avendaño

El ser humano, se concibe entre otros, como “Homo Ludens”, aquel ser artífice de herramientas para sobrevivir. Y somos expertos en eso, llevamos más de 500 años haciendo, haciendo y haciendo. Desde Revoluciones Industriales, pasando por Carreras Armamentísticas y Lunares, generando Explotaciones Mineras, desarrollando Tecnología Digital Y Biológica, en fin. Alienados, sumergidos en la rutina del hacer, hemos hecho, así, en pretérito… ¿Pero hacia dónde vamos? ¿A costa de qué hemos llegado a esta vida “privilegiada”? Son los recursos, aquellos que nos vinieron por notación divina o evolutiva, pero que ya estaban ahí, de lo que nos vanagloriamos, son realmente ellos los que están poniendo el costo de oportunidad más alto. Nos hemos apropiado de los recursos naturales.

Hemos transformado el paisaje, hemos alterado el ciclo de la naturaleza. Y está siempre va a tender al equilibrio. Nos hemos apropiado del ciclo del agua. En alguna conferencia, el economista Jeffrey Sachs, afirmaba que cerca del 70% de los alimentos que consumimos a diario son producidos con ayuda de represas hídricas, que alteran por completo el ecosistema; sus flujos naturales, la flora, la fauna y un sinfín de estructuras que no entraré en detalle. Desde 1800 hemos triplicado la concentración de C02 en la atmósfera; sólo en 2018, deforestamos 15,8 millones de hectáreas, esto es, como si cada minuto durante los 12 meses, devastáramos 40 estadios de fútbol en términos de área.

En 2002, en el Global Change News Letter, el premio de Química Paul Crutzen propuso una nueva era geológica. Crutzen, quien ha dedicado su vida a investigar sobre “los cambios en la composición de la atmósfera, en particular, la descomposición de la capa de ozono que protege a los seres vivos contra los efectos negativos de los rayos ultravioletas del sol”, afirmó que el mundo en que vivimos inició una nueva condición geológica: El Antropoceno. Una fase de nuestro mundo caracterizada por diversas anomalías ecológicos ocasionadas por la acción humana. Es decir, el hombre se convirtió en una fuerza capaz de alterar el entorno y generar daños irreparables. En ese orden de ideas, por más desarrollo económico que generemos, sin un medio para ejecutarlo es solo una vasta demostración de nuestra vanidad humana e ilusión de poder.

Sómos simplistas y queremos que los costos de nuestras actividades siempre sean mínimos. Nuestro desarrollo siempre se ha basado en rendimientos extensivos: grandes extensiones de terreno, grandes volúmenes de recursos y de producción, poca eficiencia y grandes desperdicios asociados. En definitiva, también nos concebimos cómo “Homo Economicus”, un ser racional capaz de tomar decisiones económicas. Sin embargo, el imaginario de desarrollo se ha venido transformando, ahora, la idiosincrasia social pretende un desarrollo más robusto, menos dual, pero sobre todo más justo. Y todo esto es crítico, no sólo por cuestiones poéticas o filantrópicas, sino por cuestiones económicas; vivimos en un mundo finito, con recursos finitos y agotables, los rendimientos cada vez serán menores sino viramos nuestros esfuerzos por protegerlos. Por su puesto, sin perder la visión de un mundo capitalista y sin entrar en deficiencias sociales. Necesitamos tener una conciencia crítica, hablando epistemológicamente. La sociedad deber ser juez del mercado, de sus procesos y regulaciones. El consumidor debe pasar de ser solo eso, a un actor consciente, que aporte mediante su consumo a la conversación del medioambiente, o del desarrollo de comunidades vulnerables en el mundo, por ejemplo. Lo anterior solo es posible si las empresas generan este tipo de oportunidades, tales como el modelo “one by one” de la empresa de zapatos TOMS: “one by one”. Así pues, el Capitalismo, tal y como lo conocemos, debe convertirse en un capitalismo cultural. El filósofo Slavoj Zizek ha venido desarrollando este concepto; cómo un mecanismo económico que integra “el afán de lucro y la conciencia ética en el mismo acto para redimirnos del sentimiento de ser simples consumidores.” Ahora bien, ¿este tipo de escenarios realmente generan un cambio estructural de la sociedad positivo, o solo son un paño tibio en un mundo de miseria y ego?

Como sociedad, debemos colaborar desde escalas locales en opciones de transformación de sostenibilidad, aumentando la resiliencia en un país finito, y así lograr un futuro próspero. Debemos comenzar a pensar en grande, retarnos como sociedad a crear, pero con parámetros tanto éticos como económicos, que el desarrollo no lastré la integridad del ser y su entorno. Debemos generar estructuras sociales y comerciales que sean escalables. Sí son escalables, son sostenibles. Sí son sostenibles son rentables y sin son rentables son capitalizables.